lunes, 29 de enero de 2007

Autorretrato

Sé de la vida lo que me muestran los filósofos antiguos, modernos y contemporáneos. O lo que me han mostrado a lo largo de estos años de estudio.
La vida es una asignatura que se ahoga en la teoría y se te atraganta si no aprehendes bien los conceptos en las prácticas. Busco en ella la doble lectura de lo que sucede, lo que se esconde entre las líneas que adornan el papel. Y siempre ando preguntándome para qué es para lo que sirvo, cuando me doy cuenta para qué es para lo que no sirvo. A menudo me miro en el espejo del negativismo y emana una lúgrube esencia que recorre mis venas, mi opinión, mis ideas, mis letras...
Dónde acaba la esencia, aparece la pluma cómo una breve extensión de mí. Es la que refleja en el papel todo lo que me pasa por la cabeza. Todo, todo queda reflejado en un pequeño bloc de notas al que pocas veces permito una tregua. Escribir me quita el sentido. Bien o mal; la cuestión es dejar fluir con libertad a las ideas en que se desmiembra mi creatividad.
Soy constante e infrenable sólamente en todo aquello que me gusta. Soy extremista; siempre basculo de un lado al otro sin econtrar un punto de equilibrio. “Hay veces que lo bordas y veces que lo tiras por la borda”, creo que esa frase describe con acierto y critero que es lo que acontece conmigo. Soy desconfiado por naturaleza e idealista por adopción. Me asusta la gente, me provocan respeto las personas. No suelo dejarme llevar, me gusta sentirme parte del otro lado, del que pelea a la contra. Me gusta subir el río cuando baja, me gusta esa lucha, ese romanticismo por lo complicado. No soporto las modas, las críticas sin argumentos ni las miradas por encima del hombro.
Soy una persona, poco nos separa sobre la lógica a ti y a mí. Quizás mucho nos separe sobre la genética. Quizás muchísmo sobre nuestras opniones personales. Que sea todo lo que soy, y que no sea todo lo que no soy, no significa que no pueda ser lo que no soy. A eso se le llama evolución, y las personas tanto cómo el universo en general, estamos sometidos a una constante transformación.

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