Estaba delante suyo.
Le provocaba.
Formaban parte de un macábro juego desafiante. Él mantenía su mirada fija en ella, y ella, inmóvil, fría, distante, se apresuraba en mostrar esa imagen mística, incógnita y muchas veces atemorizante que nos prova aquello desconocido.
Le provocaba.
Formaban parte de un macábro juego desafiante. Él mantenía su mirada fija en ella, y ella, inmóvil, fría, distante, se apresuraba en mostrar esa imagen mística, incógnita y muchas veces atemorizante que nos prova aquello desconocido.
Una oscuridad gélida lo envolvía todo, como manos con guantes de látex que bordean el cuello para asfixiarte lentamente. Sus ojos permanecían abiertos, de par en par, y las gotas de sudor de lanzaban como kamikazes cuesta abajo por su cara. Acercó su mano derecha y, con ella, retiró las gafas de su rostro un instante, para con la mano izquierda secarse el sudor que le empañaba la vista. Cuando hubo colocado de nuevo las gafas entre sus ojos y la realidad, la volvió a observar de abajo hasta arriba. Seguía frente a él, inmóvil, fría, distante y ahora más nítida aún. Era consciente de que ya no había vuelta atrás, y que el tiempo corría en su contra. Escuchó gritos en la oscuridad, los mismos de los que él huía. Fue en ese momento cuando se acercó al máximo a ella. Casi podía tocarla con sus pies, los había instalado apenas a un centímetro. Era increible pero el contacto aún no se había producido. Le atemorizaba lo desconocido tanto cómo todo lo que había acontecido ese noche en la mansión. Y ahora, estaba tan cerca de ella que sentía meterse en la boca del lobo, pero es que sin moverse no sólo estaba en la boca, sino que estaba ya directamente en el estómago. Levantó lentamente la mirada, recorrió una vez más su figura, desde abajo hasta arriba dónde la oscuridad no ofrecía respuesta alguna. Los gritos retumbaron de nuevo y más cerca aún. Fue la gota que colmó el vaso, fue el último argumento. Se movió al fin, y se puso sobre ella. Recorrió embriagado en pavor su cuerpo hasta llegar al final, dónde la oscuridad no ofrecía respuesta alguna. Allí, al final, volvió al principio.
Después de haber recorrido toda la oscura escalera, llegó a otra escalera más oscura aún.

2 comentarios:
Me gusta hacer un giro radical en la concepción de los elementos de la historia para el lector.
El miedo de lo desconocido puede hablar de muchas cosas.
Trato de dejar entre lineas que es sobre una mujer. Sobre un hombre y esa mujer. Pero luego rompo el hilo y aparece la realidad que es una escalera y en una mansión en la que parece ser que ocurren algunos hechos terroríficos (por los gritos). A veces el miedo nos da fuerzas para enfrentarnos a lo desconocido, otras nos paraliza totalmente. Cómo el personaje, nos hunde en la perplejidad.
Un saludo
Encantada de entrar en este blog, es maravilloso, me gustaria conocer más de ti
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