Llega un momento, porqué siempre llega, en que te sientes como un pájaro mojado al que el lastre del agua le impide volar. En el que la balanza tiende a decantarse por el lado malo, negativo, oscuro...
Y cuando parece que has tocado fondo, resulta que aún podías caer más aún.
Y más y más, y más...
Y llega el final de un ciclo, un punto seguido, pero con sabor a punto y aparte.
Los caminos tienden, no sé por qué motivo, a separarse en el momento más inoportuno.
Y andas preguntándote ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?...
Sin que la respuesta de muestras de asomarse por alguna rendija, por algún inóspito hueco, por el más pequeño recodo de tu cabeza...
La respuesta es una fruta, que hasta que no madura no cae. Sigue ahí, tomándose su tiempo.
Y tu la vas regando cada día, vas tallándola... Y al fin, aunque no lo creas, llega el día en que cae.
Y cae directamente a tí.
Te llueve, se acomoda; encuentra un nuevo hogar.
Y tu la saboreas, exprimes su esencia.
Cuanto tiempo has esperado esa respuesta.
¿Cuanto?
¿Cuanto más habrías sido capaz de esperar?
Seguro que habrías aguantado lo suficiente para que al final llegara.
Porqué tu sabes que la respuesta ya está dentro de tí.
Sabes lo que tienes que hacer, y aunque no lo hagas, sabes que está ya ahí.
Madurando.
Madurando.
Sabes que está madurando, esperando al momento idoneo.
Eso te tranquiliza. Ya está, la tienes dentro.
No te preguntes más si la vas a encontrar, y que si así es, cuando será.
No lo hagas más. No te lo preguntes.
Porqué la respuesta la tienes tu ya dentro. La respuesta la has plantado tu, la has regado tu, fuistes tu quién le ayudó a crecer. Pero todavía te queda el último paso.
Porqué no siempre la fruta cae cuando está madura.
A veces, cuando pasa pr su mejor momento, aparece un pájaro, un gusano o cualquier humano que te la arrebatan. ¿Quién sabe?
A veces hasta pasa de largo su momento para dejar de vivir ahí arriba, te olvidas de ella, y cuando vas a buscarla... Sigue ahí, pero ya no es la que querías. Ya no la puedes aprovechar, porqué pasó su momento.
Sólo tu sabes cuando es el momento.
Cuidala, amiga, como si en ella te fuese la vida.
Por qué ¿Quién dice que esa respuesta no te cambiara tu destino?
Háblale, riegala cada día, dejala dormir contigo...
Cuídala, cuídala mucho.
Muchísimo.
En ella te va la vida. La ilusión. Tu ilusión. Tu melancolía. Tus sueños. Los años que ya han pasado. Los que quedan por venir. Tu fantasía...
Esa respuesta es crucial.
Vuelve a mirarla. Detente en ella un tiempo más del habitual.
¿A que si?
¿A que ya la tienes ahí?
Lo sabía...
¿Ha madurado ya?
Yo creo que si...
¿Si?
Va por ti N.V.M
P.S; Aunque ahora te sientas como un pájaro mojado al que el lastre del agua no permite volar, tranquila, aunque parezca difícil, pronto el sol secará tus alas y podrás despegar.

1 comentario:
Muchas gracias Sergio, siempre con las palabras justas en el momento oportuno. Merci por estar ahí, de verdad te lo agradezco.
Un abrazo
Publicar un comentario